El Juego en la vida cotidiana: Jugar para divertirse
El entorno familiar proporciona una serie de experiencias rutinarias que conforman el escenario de desarrollo de todos sus miembros. Los padres al interactuar con sus hijos fomentan, implícita o explícitamente, una serie de habilidades, conocimientos, valores y normas de conducta que los más pequeños deben ir incorporando a sus conocimientos y a su forma de actuar. Las experiencias cotidianas, las que día a día educan y enseñan cómo actuar y comportarse dentro y fuera de casa, se apoyan en una instrucción intencional-oculta. El aprendizaje se produce en interacciones con adultos que exigen a los menores que respondan a una serie de demandas en situaciones y momentos muy determinados. Las demandas están vinculadas a objetivos educativos que pretenden aumentar la competencia de los más pequeños, estas demandas se producen en tareas cotidianas que proporcionar la posibilidad de aprender valores y comportamientos sociales.
El proyecto educativo familiar, tal como se le suele denominar, no se establece a priori, se va desarrollando y concretizando a medida que los miembros comparten un espacio donde exponen sus conocimientos y sus formas de hacer o realizar conductas. En las primeras edades, las tareas cotidianas se realizan conjuntamente, el control y la supervisión de los resultados y el proceso de adquisición de nuevos comportamientos lo realizan los padres, es una instrucción implícita y no planificada. La calidad de la instrucción familiar se relaciona con la riqueza del entorno en el que ocurren las experiencias cotidianas. Un entorno rico en interacciones de compañía, de control de conductas, de supervisión, ayuda, de sugerencias crea lazos afectivos positivos en los que se abre una vía para la enseñanza y aprendizaje formal aunque se dé en un contexto informal. Existen en la vida cotidiana, numerosas situaciones de enseñanza y aprendizaje informal ( no intencional, no planificado) modelos de comportamiento social que suelen ser complejos que tienden a repetirse y terminan siendo incorporados por los menores.
Esta es, en síntesis, la explicación de cómo se lleva a cabo el aprendizaje social en familia desde el enfoque teórico del aprendizaje social por observación de Bandura y colaboradores.
Existe en el entorno familiar, una serie de situaciones que trasmiten conductas sociales, formas de comportarse que van socializando a los más pequeños. También existen y deben existir otra serie de situaciones o experiencias lúdicas cuyo objetivo sería divertirse, jugar. El juego, en las primeras etapas infantiles, facilita fundamentalmente la adaptación social y personal, jugar es gratificante ( debe serlo en niños sanos) produce placer, o lo que es lo mismo una sensación agradable.
La familia contribuye a construir una buena parte del desarrollo infantil utilizando estrategias específicas de enseñanza y aprendizaje y experiencias lúdicas.
La excesiva sobrecarga de muchas familias puede reducir las situaciones en las que se comparte vivencias con los pequeños, esa es la realidad. No obstante, no es la cantidad de interacciones las que realmente proporcionan un entorno rico y positivo, sino el tipo de actividades que se ofrecen, la calidad de las mismas. Y la calidad, a su vez, está relacionada con la seguridad emocional que proporcionan los encuentros con los adultos, no con el tipo de juguetes, materiales o vivienda y oportunidades materiales. La calidad psicológica, no la calidad económica.
Este tipo de calidad, psicoafectiva, está en función del espacio que se ofrece al niño, para ser él, él mismo, la calidad de la interacción es un espacio que permite al niño actuar, al principio con ayuda ( aprendizaje mediado Bruner, Vigostki ) y ser guiado tanto en el juego como en las obligaciones, después ser observado sin ayuda y finalmente aprender a jugar solo y con otros de su edad.
Para que el desarrollo psicológico avance sin grandes dificultades y la vinculación y desvinculación familiar se produzca en las distintas etapas de desarrollo infantil sin producir alteraciones, trastornos o desfases psicológicos es imprescindible, además de necesario, crear espacios afectivos, encuentros sin esfuerzos, encuentros que divierten, es necesario jugar, jugar sin intención de que aprendan. Jugar por jugar. Jugar que no es aprender. Es necesario que los padres compartan el afecto, no es suficiente con enseñar, es imprescindible enseñar y jugar. Los padres o familiares que construyen espacios lúdicos y afectivos son aquellos que exigen ciertas conductas y las enseñan, permiten, participan, contemplan y consienten otras conductas sin trasformarlas en aprendizaje: juegan. Son adultos que instruyen y juegan.
En definitiva, la familia debe proporcionar situaciones de aprendizaje y situaciones de ocio y juego. Ambas situaciones son necesarias para el desarrollo psicológico sano. Deben estar adecuadamente organizadas en tiempos y espacios. Las situaciones de juego en la familia estimula y promociona el desarrollo sano, el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional positivo.
Los juegos que potencian la participación conjunta, son los juegos compartidos, los de interacción: jugar con otro. Los juegos que potencian situaciones individuales y el compromiso con uno mismo, son los juegos individuales: jugar solo.
Ambos tipos de juego: compartido y solo, benefician las relaciones sociales y tienen un enorme potencial educativo, pero no necesariamente instructivo y eso es lo importante en un situación lúdica: Jugar para divertirse, no para aprender.
Los juegos entre adultos y niños estimulan y promueven la responsabilidad conjunta y pueden fomentar conductas prosociales y habilidades sociales.
Los juegos solitarios, jugar solo, estimulan y favorecen el desarrollo personal, la autoresponsabilidad, la autoeficacia, la autoestima y la posibilidad de enfrentarse a sus propias capacidades sin presiones y valoraciones externas.
Combinar adecuadamente estos dos tipos de juego y establecer interacciones positivas y participativas permite iniciar y abrir caminos de afectos compartidos.Querer aprender para jugar, para divertirse, es más motivador que jugar para aprender. Jugar para seguir aprendiendo en casa, con la familia, es convertir el juego en una rutina monótona, exenta de placer y poco gratificante. Los juegos didácticos deben ser sólo una parte del escenario familiar. La familia debe ser un entorno donde se comparten obligaciones, deberes, esfuerzos y diversión.
Luisa Mireya Rojas Poveda dijo
Me gustarìa que se explicara con màs claridad las acividades que puede raqlizar un niño o una niña por edad, relacionadas con aprendizajes de la vida cotidiana.
Muchas gracias.
Luisa Mieya Rojas.
2 Septiembre 2008 | 09:50 PM