Los distintos modelos que intentan explicar y analizar la calidad de la enseñanza conceden especial importancia a las interacciones que se producen en el aula entre el profesor y sus alumnos y entre los propios alumnos. La complejidad y diversidad de los procesos que ocurren en el aula y las distintas variables que inciden en la consecución de la eficacia de los aprendizajes escolares ha sido objeto de numerosos estudios. Uno de los fenómenos que preocupa actualmente es la gestión y control del aula por la incidencia que tiene en el rendimiento académico del alumno y la satisfacción o insatisfacción del docente. En los trabajos publicados recientemente sobre el malestar docente, la disciplina en el aula aparece como variable influyente y factor causante de la sensación de fracaso profesional, absentismo docente, malestar personal, deseos de abandonar, falta de motivación laboral entre otros sentimientos de insatisfacción docente.

Entre las distintas funciones del profesor está la de gobernar y gestionar el aula de tal manera que permita ofrecer oportunidades adecuadas de aprendizaje así como desarrollar aptitudes de convivencia favorables dentro del ámbito escolar y social. Crear un clima apropiado dentro del aula que facilite el trabajo, la comunicación, disminuya los conflictos cotidianos y potencie interacciones cooperativas y que ayude a desarrollar responsabilidades autónomas. Indudablemente este es un ejercicio que requiere un plan de actuaciones concretas y objetivas destinadas a conseguir la disciplina en el aula.
Ayudar a los alumnos a tomar conciencia de la necesidad de normas y sanciones para mantener la convivencia en el ámbito escolar y social es una tarea compleja que precisa de la formación del docente en técnicas de gestión y control del aula fundamentadas en la comprensión y conocimiento del curso evolutivo por el que trascurre el desarrollo infantil. Dar oportunidades a los alumnos para aprender a comportarse en función de sus necesidades básicas y las del grupo implica por parte del profesor la incorporación en la programación del aula de estrategias que permitan al alumno asumir la disciplina como un objetivo educativo que debe alcanzar y al profesor como un objetivo educativo que debe enseñar y evaluar. Una programación así concebida de promover la asunción por parte del alumno de responsabilidades académicas y comportamentales y debe ofrecer los mecanismos que permiten la toma de conciencia necesaria para interiorizar las normas sociales.
En 1998 realizamos un estudio piloto sobre disciplina escolar, elaboramos un cuestionario y lo aplicamos. El estudio piloto fue financiado por el Instituto Calasanz de Ciencias de la Educación. Presentamos algunos de los resultados que obtuvimos.
Con este estudio piloto hemos querido obtener información sobre tres aspectos tres aspectos relacionados con el concepto de disciplina como son: normas, comportamientos y aprendizajes académicos.
Queremos señalar, que la aplicación del cuestionario se realizó en mayo y junio de 1999, consideramos que no es un momento adecuado para pedirles a los profesores que participen en cualquier tipo de estudio, por el cansancio acumulado durante el año y por el trabajo que representa finalizar un curso, por eso queremos agradecer a todos los docentes anónimos que han participado y a la dirección del centro la posibilidad que nos han dado de llevar a cabo este estudio preliminar sobre disciplina escolar ya que indudablemente sin ellos no hubiese sido posible realizar el estudio. Además nos satisface el haber obtenido una respuesta tan alta en esas fechas ya que ello corrobora la necesidad de profundizar en este tema con la finalidad de encontrar vías que ayuden al profesor a gestionar y controlar el aula.
A continuación presentamos alguno de los resultados relacionados con las preguntas de comportamiento.

COMPORTAMIENTO: FRECUENCIAS OBTENIDAS

Preguntas realizadas en el cuestionario:

C1.- Conocemos por otros estudios anteriores que los conflictos más frecuentes en la escuela son debidos a las siguientes conductas: ruidos, movilidad excesiva, actitudes molestas, palabrotas... Señale el tipo de actuación que considera más eficaz para controlarlos.

A.- Copiar: no me moveré en clase, no haré ruidos...
B.- No salir al patio
C.- Explicar la conducta y razonarla
D.- Apartarle (sentarle solo, salir de clase...)
E.- Ponerle de pie un rato

Las respuestas obtenidas se reflejan en el gráfico de la página siguiente y en porcentajes son las siguientes:

C: 72,3 % Explicar la conducta y razonarla
D: 10,3 % Apartarle
E: 8,7 % Ponerle de pie un rato

Estos porcentajes son similares en todos los nivles de escolarización, expcepto en primero de la ESO, que son los siguiente:

C: 57,7 % Explicar la conducta y razonarla
D: 19,7% Apartarle (sentarle solo, salir de clase)

Comentario
La respuesta C, “Explicar la conducta y razonarla”, obtiene una frecuencia del 72,3 %. Este porcentaje se mantiene en todos los niveles de la enseñanza alrededor del 70 %, excepto en primero de la ESO que disminuye al 57,7 % y aumenta la respuesta D, “apartarle...” que obtiene un 19,7 %.
La respuesta “Razonar y explicar la conducta” es una actitud correcta por parte del profesor, pero de dudosa utilidad para controlar a los alumnos, especialmente en las primeras edades en el nivel de educación infantil, si tenemos en cuenta el criterio evolutivo de movilidad en estas primeras edades y la dificultad de autocontrolar la conducta a través de verbalizaciones, que solamente serán productivas a largo plazo y si se acompañan de límites externos no verbales, claros y justos para controlar la conducta. Si además tenemos en cuenta que el grupo de clase suele ser numeroso, entre 25 y 30 alumnos durante la escolarización obligatoria y entre 15 y 25 en educación infantil, creemos que difílmente puede llevarse a la práctica tal método ya que no resulta eficaz razonar y explicar conductas individuales a tantos niños juntos y explicarlo colectivamente no tiene sentido, pues implicaría interrumpir la tarea de los demás, posiblemente con bastante frecuencia. por lo que creemos que esta técnica de razonar no debe darse con tanta frecuencia o por lo menos para todas las conductas ruidosas como aparece reflejado en las respuestas dadas al cuestionario. No obstante, es posible que sea la actitud que les gustaría a los profesor tener y utilizar en el aula.
En cuanto a la educación infantil es un porcentaje excesivamente alto. En esta etapa educativa es más productivo imponer conductas explicando cómo tiene que ser el comportamiento y cómo no deben comportarse dentro del aula y explicar además lo que sucederá cuando se comporten mal o sea, cuando no cumplan con las normas que se les exigen. Indudablemente se puede razonar y se debe razonar, pero lo debe hacer el adulto, el profesor, y no exigiendo que razonen con él, simplemente exigiendo que se le atienda y nunca en momentos de conflictos. Cuando aparezca la conducta perturbadora se puede recordar las normas que existen pero no es el mejor momento para explicarlas y razonarlas. Lo más eficaz para controlar el aula es recordar cómo deben comportarse y exigir con control externo que lo cumplan. Para controlar el exceso de ruido y de movilidad, lo más efectivo es llegar a establecer normas claras, adecuadas a la edad, anticiparlas, recordarlas y evitar esas conductas apartándoles de los estímulos que las provocan, sin que por ello dejen de trabajar en las tareas escolares. La opción preferible, de las aquí propuestas sería la opción D “Sentarle solo...” y en la medida de lo posible ayudarle a concentrarse en la tarea.
La respuesta E: “Ponerle de pie un rato”, que obtiene una frecuencia de 8,7 % es una conducta totalmente inadecuada, pues impide a los alumnos trabajar, se considera un castigo físico que puede producir irritabilidad y emociones negativas por parte del sujeto hacia el profesor y hacia las tareas escolares, así como por parte del grupo hacia el profesor o hacia el alumno castigado. Es una conducta que utiliza en exceso el poder de la autoridad, especialmente cuando se aplica frecuentemente. No es considerada una sanción normalizadora ni reparadora.

A la pregunta C2 se obtienen los siguientes porcentajes:

C2.- Cuando un niño miente o engaña, es necesario:

A.- Regañarle
B.- Regañarle y castigarle
C.- Intentar conocer por qué miente y razonar con el
D.- Todos mentimos alguna vez, no hay que hacer caso
E.- La mentira merece un castigo más fuerte para que no se agrave

Respuestas:

C.- 85,3 % Intentar saber por qué miente y razonar con él
A.- 6,9 % Regañarle

Comentario
En todos los niveles analizados se obtienen porcentajes semejantes. podemos decir lo mismo que comentábamos en la pregunta anterior, es difícil intentar conocer por qué miente un niño y razonar sobre la necesidad de no mentir no tiene mucho sentido, ya que es de suponer que miente para que no le castiguen o regañen por algo que considera inadecuado. La mejor solución es ayudarle a disminuir esta conducta evitando castigarle y animándole a asumir la responsabilidad de sus actos reconociendo los motivos que le han impedido actuar correctamente, ayudarle a pedir disculpas y a reparar la situación sin humillarle, en la medida de lo posible. Advirtiéndole de las posibles consecuencias que se derivarán de su conducta si sigue teniendo ese comportamiento.
Si no es adecuado intentar conocer las razones de su conducta en edades superiores a los seis años menos adecuado lo es en edades inferiores a los seis años, cuando realmente los niños más que ser conscientes de la utilidad de la mentira o engaño suelen utilizarlo para escapar de posibles consecuencias desagradables.
En el caso de que un alumno recurra constantemente a la mentira lo que deberemos hacer es indagar que está pasando para que ese niño tenga que estar constantemente mintiendo y buscaremos soluciones fuera del aula.
De las posibles opciones la más adecuada es la opción A: “Regañarle” sin más demostrándole que esa conducta es inadecuada, la de mentir y la que ha provocado la mentira.

A la respuesta C3 se han obtenido las siguientes frecuencias.

C3.- Señale la respuesta que considere más acertada para la siguiente frase “el comportamiento molesto pero tolerable de los niños en el aula se debe principalmente a.”

A.- La cantidad de horas que deben estar trabajando
B.- A la falta de normas claras en las primeras edades
C.- A las condiciones generales de la enseñanza
D.- Al poco interés en general por aprender
E.- A la necesidad de los niños de moverse y hablar

Respuestas

E: 38,8 % necesidad de moverse
D.- 24,6 % poco interés por aprender
B.- 16,1% Falta de normas

Comentario
En esta pregunta la respuesta que obtiene un porcentaje más alto es la que sigue un criterio evolutivo “Necesidad que tienen los niños de moverse”, 38,8 %, mientras que en educación infantil este porcentaje aumenta hasta un 60,7 % y en primero de primaria a un 56 %. en estos dos niveles la segunda opción elegida por los profesores es la B: “falta de normas claras en las primeras edades”. Mientras que en BUP los porcentajes más altos se obtienen en la respuesta D: “Al poco interés general en aprender” con un 37,5 % y a la respuesta A: “Cantidad de horas que deben estar trabajando” que obtiene un 37,5%.
Consideramos que son respuestas adecuadas y que la diferencia de porcentajes entre distintos niveles de la enseñanza se corresponde con el conocimiento que tienen los profesores del desarrollo infantil. Los niños pequeños tienen más necesidad de moverse y de hablar que los alumnos mayores. Mientras que los alumnos mayores tienden más a distraerse por falta de motivación hacia las tareas escolares y a la cantidad de horas que deben pasar en el centro. en cuanto a la respuesta D: “Al poco interés por aprender”, es una opinión que responsabiliza excesivamente al alumno sin tener en cuenta otras condiciones de la enseñanza que pueden repercutir en la desmotivación de los alumnos.
Es lógico esperar que en los primeros niveles los profesores tiendan a opinar que la conducta de los niños esta determinada por la falta de normas claras en las primeras edades puesto que cuanto más pequeño es el niño más se suele relacionar su comportamiento con las pautas de crianza familiares, mientras que cuanto mayor es, se responsabiliza más al alumno de su comportamiento y menos a las familias, ya que hay una tendencia a pensar que el alumno puede reaccionar y autoresponsabilizarse de su comportamiento a medida que va creciendo.

C4.- Indica las conductas que considera merecen un castigo más fuerte

A.- Molestar en clase (hablar, moverse, distraerse...)
B.- Burlarse del profesor, de los compañeros, actitud despreciativa...
C.- Quitar las cosas a los demás
D.- Llegar tarde a clase
E.- No hacer los deberes

Respuestas

B.- 81,9 % Burlarse del profesor, de los compañeros...

Esta respuesta es la que ha obtenido en todos los niveles el porcentaje más alto. Es evidente que perder el respeto al otro, especialmente al profesor es la conducta que se considera más inadecuada, frente incluso a la de quitar cosas a los demás, conducta que sin lugar a duda también debe ser considerada altamente perjudicial . Es probable que la de burlarse del profesor implique el desacato a la autoridad y se percibe como más conflictiva que la de quitar cosas , ya que puede descontrolar totalmente la organización del aula y el control de la misma.
Seguramente esta sea una conducta considerada por parte del profesor como desestabilizadora y crítica con su autoridad, es probable que el profesor sienta sentimiento de mayor inseguridad frente este tipo de conductas que frente a otras y que considere que puede arrastrar al resto del grupo si no es capaz de cortarla a tiempo.

En estos momentos y gracias a los datos obtenidos en este estudio piloto, estamos llevando a cabo una investigación aplicada: enseñar a comportarse en clase. A medida que obtengamos los primeros resultados los iremos exponiendo en la página.